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fragmentos de luz perdida.

 

Sábanas blancas tendidas al día
Se mecen y ondulan con la brisa veraniega

En sus hilos se cuela el sol
En su suavidad se baña la luna

Como duele que aplaudan al espino que marchitó las rosas.

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Literatura, sí, ¡por favor!

Literatura, sí, ¡por favor!

De la bella, la inesperada. La que te desconecta del mundo y del ruido, pero te conecta a todos los canales cíclicos y nublados del pecho y las sienes que susurraban sin ser escuchados. De la que congela el tiempo en un estado estático imperfecto pero límpido, horas empañadas enriquecidas sin remordimiento.

Literatura de la que te hace pensar, de lo que te deja heche un trapo, de la que te levanta la mirada hacia el infinito con congoja o satisfacción. De la que te da hambre, de la que te deja oler la primavera desde un ventanal de madera resquebrajada, pintada de blanco, simulando ser de costa.

De la que suspira, de la que te roba las horas de sueño porque cautiva la mente y otorga más y tu mente pide más y todo se vuelve en creación de un hilo que ambes cogéis fuerte.

Literatura, sí, por favor. Poesía de la que adentra en un mar de cristal líquido, igual de transparente, igual de denso. De narrativa, de ensayo, de cartas sin destinatarie. De brumas, de duendes y de cumbres. De bicicletas, de cortes secos con la cuchilla de afeitar en un lavabo que huele a moho. De sonrisas y árboles. De vientos y ramas. De patatas y cabellos. De aire efímero y pesada montaña. De costumbre, de puertas. De tintes morados, de fácil camino.

Literatura,

sí,

por

favor.

 

A.

“Qualia bajo la nieve”, o de cómo somos jardines en miniatura.

¡Hola a todes!

Hacía bastante tiempo que no hacía una reseña en este blog, y han coincidido el echarlo de menos con el descubrimiento de un manga precioso que, además, trae consigo la genial aparición de varias entregas de Boys Love que ha hecho las delicias de quienes necesitamos leer contenido fuera del espectro heteronormativo y dar paso a la visibilización del colectivo LGBTA+ de un modo más realista y menos dañino en cuánto a las relaciones que se exponen.

Tanto Milky Way como Tomodomo o ECC son editoriales españolas de manga (aunque también se especializan en cómic, en especial ECC) que han dado un brillo más que necesario a las entregas de este género en España. Gracias a estas editoriales, nos están llegando joyas del manga como La pequeña forastera (Siúil, a Rún), de Nagabe, un manga precioso y muy especial. También MW y Tomodomo han conseguido editar mangas que, además de contener gran variedad temática, son de una calidad asombrosa, con tapas suaves y traducciones precisas con anotaciones muy útiles. La estética, colores y estilo utilizados por les mangakas a les que distribuyen son tan bellos que es inevitable no querer disfrutar de todos y cada uno de ellos. Estas fiestas, sin ir más lejos, recibí varios tomos de regalo y me los tomo con calma para disfrutarlos como un pastel de nata vegana y fresas.

Pero hoy mi reseña va sobre un one-shot llamado Qualia bajo la nieve, de una mangaka impecable: Kanna Kii. Hay que agradecer fervientemente a las editoriales antes nombradas por la cantidad de shōnenai de calidad que han traído en estos últimos años. Este género, para quién no lo conozca, se especializa en las relaciones románticas entre dos chicos sin contenido sexual explícito. También se le llama Boys Love, BL para acortar, suelen ser las historias en las que dos personas progresan en una relación para conocerse y enamorarse.

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La necesidad de shōnenai con parejas sin toxicidad era muy necesaria. Un ejemplo que acabó siendo fenómeno mundial fue el famoso, precioso y genial Yuri On Ice, ese anime tan conocido sobre una pareja homoromántica entre programas libres y cortos sobre hielo. La relación de los personajes protagonistas, el patinador Yuuri Katsuki y su entrenador, Viktor Nikiforov, es sana, con pequeñas crisis que sobrellevan, se ayudan a crecer y aprenden a gestionar sus emociones y problemas psicológicos juntos. Sin embargo, esta relación no pretende ser el centro de atención de la historia (que, de hecho, es un spo-kon sobre patinaje artístico) ni mantiene ese estereotipo propio de algunos manganimes en los que la relación es tóxica, todo está basado en el drama innecesario y existen dinámicas de poder e incluso maltrato en algunas ocasiones (no olvidemos Loveless, por dar un ejemplo). Más tarde han llegado a nuestras manos una serie de BL preciosos, como por ejemplo “Puedo Oír el Sol“, de Yuki Fumino, distribuída aquí por Milky Way, donde, además de existir una historia romántica muy tierna y realista, se visibiliza un tema muy necesario como es el de la sordera poslocutiva, y la ayuda y apoyo hacia personas con diversidad funcional.

Qualia bajo la nieve es la historia de dos chicos y del desarrollo de su relación romántico-afectiva durante un período de tiempo en que ambos intentan superar fantasmas del pasado en forma de traumas y complicaciones familiares que les impiden resolver conflictos internos, así de cómo, apoyándose el uno en el otro, pueden crecer emocionalmente y abrirse entre ambos.

Akio Kobayashi es un chico bastante apartado de la sociedad, que ha centrado su vida en cuidar de plantas y flores. Este personaje tiene pros y contras muy importantes que creo que vale la pena desgranar. En primer lugar, creo que visibiliza bastante el tema de las personas asexuales y arrománticas, puesto que en ningún momento se habla de atracción de ningún tipo por su parte. Tan sólo al final -alerta de spoiler- cuando besa a Umi, parece que empieza a tenerlo algo claro, y es posible que sea grisromántico, pero la parte de la atracción sexual no es tan clara. Es por esto que, incluso aunque la intención de la autora no sea ésta, me ha gustado poder leer en este manga esa percepción sobre las personas ace/aro, puesto que yo, como asexual, me he podido sentir bastante identificade con la experiencia de este muchacho. Por otra parte, hay algo que sigue sin evolucionar en el manga en general y es el inherente machismo que desprende este personaje en la forma de una misoginia muy fuerte. Esa visión en los mangas de los hombres viendo a las mujeres como personas vacías está demasiado expandida y, si no hay un cambio de esto en les mangakas, vamos mal. Es posible que quieran ser realistas y se metan en el personaje -un chico nacido en un mundo machista que, por no estar deconstruído, en primera instancia va a tener comportamientos machistas, claramente- pero, si esa visión machista no se destruye, va a seguir ahí, y el concepto no se va a borrar de las mentes que lean la historia. Incluso cuando, en un momento dado, Akio le comenta a su hermana lo fuertes que son las mujeres, no parece que cambie su visión de ellas totalmente. Si no se hace una reflexión sobre el tema se puede dar a entender que el mundo de los chicos gays es un mundo misógino. Lo veo como un punto demasiado negativo para este manga. Prefiero, de todos modos, quedarme con el hecho de que es posible que acabe admirando a las mujeres, que en este manga son todas fuertes y valientes, aunque escasean.

Por otra parte, tenemos a Umi Ôhashi, un niño encantador, inseguro y con líos de una noche que lo hacen alejarse, de un modo distinto al de Akio, de las personas. Es él quien se acerca a Akio, fundiendo la coraza de hielo de éste, descubriéndose a sí mismo enamorándose con el pánico que desencadena en él. Umi se proyecta en Akio, recriminándole actitudes que en realidad son suyas. Es un chico que ha decidido dejarse llevar por la ceguera emocional y el rechazo constante que, aunque da a las personas, en erealidad se está dando a sí mismo en todo momento, negándose a mantener un vínculo mínimamente forjado con ningún hombre, aunque le atraiga, incluso dando nombres falsos para que no lo puedan volver a encontrar. Este manga refleja la situación en la que una persona va confiando poco a poco en sí misma, dándose la oportunidad de reabrirse a nuevas experiencias sentimentales en las que la confianza, lentamente, se afinque en su persona para dejarse sentir de nuevo. Es un punto muy positivo para quién lea este manga y se encuentre en una situación parecida el ver que es sano confiar e ir aceptando sentimientos humanos que se niegan por miedo y dolor.

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La visiblización de diversos temas importantes es otro punto a destacar del tomo único. El primero que quería tratar es la visibilización de las personas homo. Kanna Kii es autora también de una historia repartida en tres tomos, Umibe no Étranger, en la que también visibiliza la situación de la comunidad lesbiana y bisexual en Japón, pero en ésta se centra exclusivamente en la de los gays. Me alegra mucho que el tema salga a flote porque del colectivo en Japón sabemos más bien poco desde euroccidente. Allí existen colectivos y organizaciones para personas LGBT, pero, debido a la cultura nipona, se suele silenciar bastante por la costumbre del no querer destacar. Destacar por imagen, estilos de vida y demás, es algo que no se ve allí con buenos ojos. No seré yo quién saque a relucir el debate sobre la homofobia de la cuestión porque no lo he podido vivir allí, pero estoy dispueste a escuchar a quién quiera hablar de ello, ¡toda información es siempre bienvenida.! De todos modos, me gusta la tolerancia que muestran las familias de ambos personajes en cuanto a su orientación. A pesar de algún cliché como relacionar que a Akio le apasionen plantas y flores con ser gay, la hermana de éste lo acepta felizmente sin prejuicios, al igual que la familia de Umi lo acepta con empatía y cariño. Incluso les compañeres de trabajo de Umi se muestran sorprendides al principio, pero enseguida muestran aceptación desde el respeto.

Otro tema importante es el de los problemas familiares que nos presenta el personaje de Akio. En este manga se concentran muchos temas en poco tiempo, dejando más espacio a la elucubración y la reflexión de le lectore, que a la muestra directa. Hay pequeños esbozos que nos permiten encadenar sucesos y entender la psique de los protagonistas. Me gusta pensar que Kanna Kii ha querido mostrar su propia opinión frente a temas como el abandono de la familia por parte del prototipo de padre alcohólico y adúltero. Este suceso muestra cómo el carácter asocial de Akio tiene una explicación comprensible. Hay breves escenas en el manga en las que vemos como un niño tiene que experimentar cómo su padre sale de casa a altas horas de la noche, mientras su hermana le explica qué está ocurriendo, la cual también muestra una evolución, a su manera, sobre el dolor que resulta de esta vivencia. La última escena que vemos antes de que el padre abandone definitivamente a la familia es tristemente tierna: les hijes y el padre pasean bajo cerezos en flor. El padre admite cómo es cuando la hermana se lo echa en cara, de una manera ingenua, y Akio debe interiorizar eso desde un punto más que inocente. El dolor que lleva dentro se muestra en el otro tipo de rechazo psicológico que vemos en el manga. El muchacho también muestra cómo, incluso aquello que más odiamos y más daño ha podido generarnos, no deja de ser parte de nosotres y lo guardamos desde algún punto de apego o aprecio para sobrevivirlo.

Ambas personas llevan a sus espaldas un dolor tan grande que, cuando chocan, todo tiembla en su interior. La evolución de ambos personajes es cruda, realista pero hermosa a su manera. Cada uno lucha con sus fantasmas y el miedo a volver a confiar, pero el encuentro de dos personas tan dolidas hace que puedan acompañarse en su proceso curativo y que, al final, las capas más dura de ambos se vayan agrietando y fundiendo para dejar un final cerrado en la historia pero abierto a una relación romántica preciosa, con un inicio en el que se muestra la ternura de un Akio que al fin empieza a abrirse y admitir sus sentimientos, así como su orientación, de la que al principio incluso reniega.

Por último quería remarcar lo bello que me ha parecido el juego con el significado de las plantas. En Japón gusta mucho buscar la etimología y el significado de las plantas para relacionarlas con simbología. Por eso, al final de la historia, la relación de ambos chicos es declarada con cierto tipo de flor y lo que representa. De igual manera vemos como Kanna Kii incorpora una palabra preciosa, “fubuki“, nevando flores en japonés o “qualia”, palabra latina incorporada al título que, según explican en notas del traductor, hace referencia a un jardín en miniatura bajo la nieve, que explica perfectamente la historia que contiene. También la palabra tiene un significado bastante profundo que puede llevar a interpretaciones más filosóficas, pero no ahondaré en las ideas que me pueda proporcionar este significado porque derivaría a un artículo diferente. De todos modos, os lo comparto:

Los qualia simbolizan el vacío explicativo que se advierte ante la existencia de cualidades epifenoménicas sujetas a la subjetividad de nuestra percepción y el sistema físico que llamamos cerebro. Las propiedades de las experiencias sensoriales son, por definición, epistemológicamente no cognoscibles en la ausencia de la experiencia directa de ellas; como resultado, son también incomunicables. La existencia o ausencia de estas propiedades es un tema calurosamente debatido en la filosofía de la mente contemporánea.

También es muy importante el mundo de la flora en este manga, cómo acompaña las historias, las explica y decora, formando imágenes alegóricas y estéticas que hacen aún más disfrutable la lectura. Que Akio se interese tanto por esto muestra su aislamiento casi voluntario de la interacción social. Las plantas tienen un tiempo diferente al nuestro, parecen indiferentes al mundo y caos que las rodea, al tiempo que son hermosas y viven como nosotres, y eso es algo que a Akio le gustaría compartir.

Os dejo esperando que os haya gustado este artículo, tanto si habéis leído el manga como si os he abierto la curiosidad sobre él y ahora queréis disfrutarlo. Tanto si lo habéis leído o no, espero vuestras opiniones sobre lo que sea que queráis comentar de todo lo mencionado. ¡Un saludo y hasta la próxima!

A.

Velo rasgado.

Cuando el trato que recibes en los años más tiernos es hostil y ruin, al fortalecerse la piel tienes dos opciones,

O acabas imitando eso que has absorbido,

o prefieres mejorar, quizás subconscientemente, para ser justo todo lo contrario,

por que sabes lo que duele.

He conocido en la vida muchos tintes de tristeza en la complicación que es una persona, y varias.

Tintes que van desde la más profunda desesperación, hasta la apatía. Tristezas que hunden en supuestas verdades que dientes afilados hunden en nuestra luz. Y, también, tristezas que provienen de la más repugnante miserabilidad.

Diría que no las hay peores unas que otras, pero desde luego, las hay. Y para vencerlas la opción es correr en sentido contrario. Suficiente dolor lleva ya un ente corrompido por el pobre espíritu de la vileza contra lo inocente.

(Supervivencia).

No habla todavía una savia que haya llegado a endurecerse en la corteza de un roble viejo,

pero ya sabe fluir entre sus venas de tierra y alma.

 

Cada nube marcha a su ritmo.

Aunque las creamos lentas.

A.

La ciutat de colors, parte II

¿Acaso debería haber palabras?

Hay pocas, no salen demasiadas de dónde yace ahora el susto.

Siento las paredes crispadas. Pero, sobre el miedo, siento la solidaridad del pueblo. Las llamadas a la seguridad, a la calma, pasar por encima de las rencillas para preguntar el estado. Compartir las nuevas sobre las necesidades especiales.

A la misma hora, un día antes, paseaba por tus calles. Esas calles tuyas que me son tan propias y queridas. Calles de sonrisa en calma, de atardeceres pastel, de fachadas que desafían el conformismo para fundirse en formas fantasiosas que hacen ondear la imaginación.

Hoy no existe mucha poesía. Ni en mí, ni en sus calles. Calles que celebraban con decoraciones y niñes haciendo manualidades, con música reivindicativa uniendo a las personas, con sus callejuelitas llenas del encanto que aún puede perdurar, con sus largas calles esperando ser caminadas. Con todo lo que la forma.

Todo lo que ya sabemos y conocemos sobre la ciudad de colores, que hoy se despoja de su capa de trencadís y se viste de negro.

Hoy no existe mucha poesía. Ni en mí, ni en ella.

Lo siento tanto. Lo siento tanto.

Siento cada persona que ha sufrido, que ha fallecido. Trece personas, más de ochenta heridas.

Siento a mis amigues, mis personas cercanas, con el mismo shock. Siento tanto todo este dolor del mundo.

Sigo sin palabras, y lo dejo aquí porque no puedo seguir.

#NoTincPor

#TotsSomBarcelona

A.

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Sobre escribir las vivencias, una idea de George R.R. Martin.

Un gran sabio conocido como es George R.R. Martin me dijo hace un tiempo unas cuántas cosas. Bastantes de ellas las conservaré de por vida, pero hubo una que me llamó especialmente la atención, sin obviar que las demás fueran igual de importantes.

Me dijo

“Escribe sobre aquello que conozcas”.

Explicándose bastante, obviamente se refería a escribir no tan sólo sobre aquello que conociéramos terrenalmente, si no más bien a las emociones vividas en la propia piel, aquellas que hubieran dejado una marca tan palpable sobre nosotres como para ser capaces de transmitirlas de igual manera gracias al precioso arte de la escritura. Con el talento suficiente pero, sobretodo, con la conciencia sobre lo que se escribe, esto es totalmente capaz de Ser. El hecho de poder plasmar unas vivencias en sentimientos vívidos que transpasar a nuestros personajes otorga la magia y credibilidad necesarias para que nuestra historia lata de vida y esencia.

Muchas gracias señor Martin.

Cuando las estrellas nos susurran: “Stars”, de Wendy Montasell.

El otro día pude disfrutar de la exposición de Wendy Montasell, “Stars” en la Tetería Brotes, en L’Hospitalet.

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Ya desde antes de ver la exposición sabía que me esperaba algo de lo más intimista y mágico y, desde luego, el resultado no defraudó en lo más mínimo. Retratos a blanco y negro de doce mujeres que inspiran multitud de historias y sentimientos concretos. Cada una de sus imágenes fue capaz de transmitirme desde inspiración pasando por meditación e instrospección, autodescubrimiento, carácter fuerte, ingenuidad, dolor, abnegación, aceptación, evasión… incluso liberación de apegos. La expresión de cada una pasaba de la dulzura a la reafirmación. Un flujo de emociones y de fuerza me llegaron de la intención de la artista, fue realmente emocionante sentir tantísimo sentimiento en cada ilustración. Querría abrazar a esos espíritus de tinta y magia que Wendy Montasell ha podido crear.

Cada pieza está dotada de una belleza particular, cada obra contiene una fuerza singular que se transmite a la persona que la observa. La empoderación de cada personalidad imaginada es latente incluso ante la muestra de delicadeza de algunas en especial. El uso de las estrellas en esta colección es curiosa por cómo se puede expresar la magia desde tantos puntos diferentes del corazón humano, mostrando la profundidad del espíritu en comparación al universo, de cómo la magia puede hacernos crear, experimentar, sonreír o sufrir, de cómo somos fragmentos de estrellas que mueven el mundo.

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Las ilustraciones no necesitaban nombre, pues ya se describían por sí solas. Poder disfrutar de esta colección es una experiencia que os anime a todes a vivir, no os dejará indiferentes.

Hubo una obra en especial de la que me enamoré, me sentí muy identificade. Era dulce, ingenua, llena de sueños, me recordó mucho a esa tierna niñez algo desaparecida pero con reminiscencias que no permito que mueran dentro mío, algo que llevamos muchas personas dentro.

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Os animo a disfrutar de esta preciosa colección de obras delicadas y repletas de valor emocional en la que estoy segure de que seréis capaces de encontraros a vosotres mismes en fragmentos de cada uno de estos bellos retratos. Podréis encontrar la exposición abierta  hasta el 18 de mayo, os linkeo el evento.

Muchas gracias por leerme, y recordad que el apoyo a la comunidad artística es clave para su desarrollo, debemos ayudar a todas estas personitas plagadas de sueños a seguir creciendo y teniendo oportunidades.

“Somos polvo de estrellas”.

A.